En los bosques y zonas áridas de México habita un insecto tan extraño como incomprendido: el llamado “cara de niño”.
Su verdadero nombre es grillo de Jerusalén, y aunque su apariencia inquietante ha generado mitos y temores, la realidad es muy distinta.
No vuela, no es venenoso y cumple un papel importante en el ecosistema al alimentarse de raíces y pequeños insectos.
Un recordatorio de que, en la naturaleza, las apariencias pueden engañar.
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